Mi motoEsta el una de mis razones para seguir respirando. Unos dirán que es superficial, otros que si estoy loco, sólo unos pocos lo entenderán.
Sólo aquellos que han tenido, tienen o quieren tener el privilegio de probar un de estas máquinas, entiende lo que se siente. Para quien no lo entienda le explico lo que se siente.
Te levantas por la mañana pensando en el tiempo que hará. Miras por la ventana y ves aquel cielo azul tan intenso con unas suaves pinceladas de un blanco casi difuminado. Ha llegado el momento de volver a vivir otra vez. Te vistes, y te diriges hacia el parking. Una vez allí te la miras, la vuelves a mirar y a mirar y a mirar... y cuando te has cansado de mirar decides que si que es tuya, que todos aquellos sueños de niño se han hecho realidad, por fin tienes aquello que has soñado toda tu infancia.
Aquí empieza un ritual para haceros el uno con el otro, introduces la llave en el bombín, la giras 45º a la derecha y la luz verde del punto muerto te da los buenos días. Es el momento de pulsar el botón de encendido. Y comienza la música, cierras los ojos y puedes ver el interior del motor pieza a pieza, cada una con su movimiento y función específica, sabes por el sonido peculiar que todo va bien. Dejas el motor ronronear durante un rato para que se despierte se ponga a tono mientras acabas de enfundarte los guantes y el casco. Te ajustas la cazadora y ya esta.
Una vez encima de la moto ya listo para empezar a disfrutar de uno de los mayores placeres de esta perra vida, levantas el soporte en el cual se apoya la "niña", aprietas la maneta del embrague y bajas la palanca con el pie izquierdo. Se empieza a mover, poco a poco nos vamos fundiendo en una sola cosa, la sangre por mis venas fluye a gran velocidad. Se abre la puerta del parking y ahí empieza otro mundo lleno de sinuosas curvas, divertidas carreteras y un sinfín de aventuras por vivir... pero eso es otra historia.